Días felices en el Estadio de Gran Canaria, noche de alegría!

No pierde el paso la UD en su carrera acelerada por alicatar, cuanto antes, la permanencia. Y, con veinticuatro puntos relucientes en el casillero, se puede decir que el atajo que ha cogido es el bueno. El triunfo de ayer ante el Sporting le dispara al infinito.

En puertas de una semana de pasión, con visitas seguidas al Vicente Calderón y Nou Camp, nada que perder y muchísimo que ganar, Las Palmas envió un mensaje inequívoco: no sólo ha llegado para quedarse. También quiere comer en la mesa de los grandes, mirar a Europa, romper costuras. La victoria de ayer es el pasaporte para los sueños. Hay equipo (y se anuncian fichajes), hambre y calendario por delante para pasar de las palabras a los hechos.

El inicio de la UD fue un abuso. Por aplastamiento metió al Sporting en su área gracias a un empuje arrollador, con Roque a los mandos. No habían transcurrido ni diez minutos y Cuéllar ya se había marcado tres paradas de campeonato. Trallazo de Lemos, tiro envenenado de Boateng y falta ajustada al palo de Viera. Arreciaba sobre la portería rival y Cuéllar ganaba fama con intervenciones memorables. Mateo, sorpresa en la apuesta inicial con Simón y El Zhar,  también se sumó a la manada y largó un zapatazo muy cruzado con toda a favor.

Se venía una goleada por apariencias tan rotundas. Y el público, que olía la sangre, lanzaba a su gente en oleadas hacia ese primer tanto que arruinaría el plan de contención ideado por Abelardo. No tiene para más el Sporting. Pero cayeron los minutos y esa UD imponente no tradujo sus méritos y oxigenó al visitante, incrédulo por escapar sin daños a un sometimiento tan extremo. Incluso se permitió alguna estirada, sin trabajo para Varas, aunque bien sintomática de que algo estaba cambiando.

Comenzaron a fallarle los pulmones a los chicos de Setién y se tomaron un respiro que le dio la vida al Sporting. Un primer tiempo que arrancó a todo trapo acabó consumiéndose entre bostezos e impotencia, aunque, casi al final, El Zhar enganchó un balón y, en el mano a mano ante Cuéllar, acabó empequeñeciéndose y disparó al muñeco. Marcar se convertía en un imposible. Y lo que parecía utópico, se plasmó en Siete Palmas: resistió el Sporting hasta el descanso para resignación colosal. Era de suponer que llegarían tiempos mejores, con más oportunidades. No se trataba de una convicción gratuita.

Y así salió el equipo tras el intermedio. Con el mismo molde, liberado Viera para actuar a su gusto y Bigas y Lemos estableciendo la frontera en la línea divisoria. La esperanza pasaba por filtrar algún pase. Aunque entre en mitad del toque-toque, Viera, quién si no, se permitió un obús desde lejísimos que escupió el larguero. La UD exploraba todos los caminos. el botín estaba ahí, en no desistir. Y en el minuto 55 todo nació en Boateng, al que ejercer de boya arriba no se le da tan bien como descolgarse a un costado y entrar en diagonal. Boateng se vistió de interior zurdo y sirvió al corazón del área. Allí percutió El Zhar, al que un rechazo de Cuéllar le dejó el escenario ideal para establecer justicia. El gol se celebró desde las entrañas. Tanto se hizo esperar que fue una liberación tremenda.

Ya tenía la UD lo que quería. Gobierno en el césped y en el electrónico. Bastaría con evitar despistes. Y también convendría la sentencia. Por mucha ceguera ofensiva del Sporting, al que se le apagaban todas las luces en los dominios de Varas, tampoco era plan de tentar a la suerte. Y más cuando al gol de El Zhar se sucedieron largos ratos de indefinición. Tanto se abarató la pelota que el Sporting tuvo la suya con un testarazo de Víctor, tras pérdida infantil de Mateo, que silenció el Gran Canaria. Se fue por muy poco la que había sido única y mejor ocasión del adversario.

Un aviso, en todo caso, de que todo podía pasar con una renta tan corta. Por lo que fuera, dejaron de mezclar Roque y Vicente y Boateng se desconectó, perdido entre centrales. La acción se inclinó peligrosamente para el rectángulo de Varas, al que ya le tocó intervenir a otra intentona de Víctor, también de cabeza. Al rato, empate a largueros tras jugadón de Carmona y derechazo a la cruceta.  Al tramo final se entró con angustia contenida por el intercambio de papeles. La UD inapelable había optado dar un paso atrás. Y aquel Sporting de mantequilla se lanzó, sin retrovisor, a pescar arriba.

Estaba el partido en el alambre, peligroso por la deriva que había cogido. Así lo percibía Setién, que recurrió a Momo y Tana en un intento de recuperar el mando. Volvieron las noticias en el marco de Cuéllar gracias, precisamente, a Momo, quien en una jugada casi calcada a la del gol sirvió para Boateng y éste, de manera lastimosa, no hizo lo más fácil, que era meterla. Quizás ni esperaba que le llegara el balón. Le pilló despistado y malogró el 2-0 por centímetros. Luego tocó apretar los dientes, mirar al cielo y al reloj y esperar el pitido final. Que sonó, dicho sea de paso, a música celestial.

nota de Ignacio Sanchez Acedo para Deportes Canarias7

– Ficha técnica:
1. UD Las Palmas: Javi Varas; David Simón, Lemos, Bigas, Dani Castellano; Roque Mesa; El Zhar (Tana, min. 78), Vicente, Gómez, Jonathan Viera, Mateo García (Momo, min. 69); y Prince Boateng (Livaja, min. 89).
0. Sporting de Gijón: Cuéllar; Douglas, Lillo, Babin (Afif, min. 65), Meré, Canella; Carmona (Rubén, min. 75), Xavi Torres, Sergio Álvarez, Víctor Rodríguez; y Duje Cop (Viguera, min. 60).
Gol: 1-0, min. 55: El Zhar.
Árbitro: José Luis Munuera Montero (Comité Andaluz). Mostró tarjeta amarilla a los jugadores locales Momo (min. 74) y Tana (min. 84), y a los visitantes Xavi Torres (min. 60), Meré (min. 85) y Lillo (min. 88).
Incidencias: partido de la decimoséptima jornada de LaLiga Santander disputado hoy en el Estadio de Gran Canaria ante 21.710 espectadores.

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