Ramírez: “Se va Setién, pero la UD continuará progresando”

MIGUEL ANGEL RAMIREZ. C150317

— Es obligado preguntarle, en primer lugar, por la decisión de Quique Setién de dejar el club, de no atender a la oferta para renovar su contrato…
—  Es una pena que no podamos contar con él la próxima temporada, tal y como era nuestro deseo. Echo la vista atrás y recuerdo las críticas que recibimos, por su inexperiencia en la categoría, cuando lo contratamos relevando a Paco Herrera, otro entrenador muy querido por nosotros. A pesar del riesgo que comportaba contratar a un entrenador que nunca había ejercido en Primera División, con lo que nos estábamos jugando, afortunadamente, Quique ha podido cumplir su contrato la temporada pasada y lo hará ésta, porque lo ha hecho y lo seguirá haciendo muy bien. No seguirá con nosotros, pero estamos obligados a confiar en el futuro. Y el pasado reciente nos anima a ello.
— Encontrar un sustituto a su altura será tarea compleja. Deja un gran legado…
—Se han ido jugadores y entrenadores muy importantes para la UD, pero el club siempre ha seguido progresando. En unos meses tocará despedirse de Quique y lo haremos agradeciéndole su dedicación y su aportación tan fundamental. Se irá el entrenador, pero nos quedará la persona. Será otro de esos amigos que se alegrará de nuestros triunfos y lamentará nuestras derrotas. Igual que nos pasará a nosotros con sus éxitos, que celebraremos como si fueran nuestros.
— Hoy cumple 48 años y en julio cumplirá doce al frente de la entidad. ¿Imaginaba cuando llegó un ciclo tan prolongado?
— Cuando llegué a la UD, con las circunstancias que tenía en el año 2005, en Segunda B y con una deuda heredada que superaba los setenta millones de euros, no me planteaba nada del futuro, sino el día a día, el arreglar los problemas inmediatos. Evidentemente, a partir de que las cosas han ido saliendo bien se han ido sucediendo los años.
— Desde la atalaya que le da su experiencia, mira hacia atrás y…
— Si miro hacia atrás y veo en qué condiciones estaba el club cuando decidí entrar pienso que cometí una locura que solo un loco podía intentarlo. Y si hubiese salido todo mal, yo hubiese sido el perjudicado a nivel profesional y personal por el compromiso que asumí. Lo hice por el cariño y el amor que siento por este club.
— ¿Cómo canaliza el desgaste, la erosión que supone este cargo durante tantos años y en primera línea de batalla y de exposición diaria?
— Tengo muy claro que sin la fama que conlleva presidir este club me hubiese ido mejor, fundamentalmente en el ámbito empresarial.
— ¿Endurece el palco?
— Los años te hacen madurar, pero yo no he cambiado. Desde que llegué y hasta hoy puedo decir que he sido siempre muy bien tratado por los aficionados y los medios de comunicación. Y he entendido las críticas que me han llegado como las propias que derivan de la gestión del club,.
— ¿Se considera querido y valorado por su labor al frente de la entidad?
— Sí, sin duda.
— Año 2017: una UD en Primera División y consolidada como institución en unos extremos como nunca en su historia. ¿Está recogiendo la siembra los años anteriores?
— Gestionar ahora a la UD no tiene ningún mérito. Ahora disponemos de solvencia económica, de crédito en todos los ámbitos, de prestigio y credibilidad. El problema lo tuvimos en las campañas anteriores, cuando nos tocó gestionar miseria y lidiar con tsunamis económicos y hemos estado solos, absolutamente solos, para afrontar compromisos y obligaciones de todo tipo. Lo que hoy hace este consejo de administración lo podría hacer cualquiera. Lo difícil viene de antes.
— Reconoce, por tanto, su obra como presidente…
— No es mi obra, es la obra del equipo que me ha acompañado. Y de los futbolistas. Y de los aficionados. Y de los medios de comunicación. Es una obra que nos corresponde a todos, no a una persona. Lo que me ha correspondido a mí ha sido canalizar las fuerzas, elegir un equipo profesional para gestionar como se debe a un club que estuvo a punto de desaparecer hace unos años. Fue el acierto de implantar un modelo de llevar el día a día de la entidad dentro de la responsabilidad y la austeridad. A partir de ahí ha venido lo que tenemos. Pero, insisto, es una labor de equipo, una labor de todos.
— Cuando usted llegó nadie quería venir a una Unión Deportiva en ruinas. Si ahora usted se fuera, sobrarían pretendientes para sucederle…
— Antes la UD únicamente se sostenía en su afición. Ahora tiene eso, que es fundamental, porque es lo que justifica su existencia, pero, además, tiene solvencia, propiedades, liquidez, prestigio…
— El año pasado no estaba garantizada la continuidad en Primera como ahora. ¿Se puede decir, entonces,  que la UD vive su mejor momento de la historia?
— Evidentemente. Pero nuestro reto ahora es estar varias décadas en Primera. Ahora vivimos una etapa deportiva como hace cuarenta años. Pero no podemos pararnos aquí. Todo lo contrario, nuestro crecimiento exige que competir en Primera se convierta en un hábito, algo que no ha sucedido en los últimos tiempos. Debemos consolidar nuestro hueco en la élite.
— ¿Cómo quiere que se le recuerde con el paso de los años?
— Como me merezca en función del trabajo que realice.
— No hace mucho, hubo momentos en los que amagó con irse. ¿Realmente lo pensó o fue un toque de atención buscando mayor implicación social?
— Nunca he necesitado dar un toque de atención porque todo lo que he hecho en mi vida lo hice solo, buscando, eso sí, los apoyos necesarios. Hubo un momento en el que noté que era tal la exposición de mi patrimonio para garantizar la supervivencia del club que medité si era necesario continuar así. Pero fue algo que quedó atrás.
— ¿Cómo reacciona, ahora que recuerda su sacrificio personal en beneficio del club, cuando sigue escuchando opiniones que vinculan su cargo al beneficio que puede sacar del mismo?
— No soy presidente de ningún equipo en la Península y en la Península tengo más empleados que en Canarias y en Gran Canaria. Empresarialmente, estoy donde estoy gracias al apoyo de las entidades financieras. Y, debo confesarlo a colación de esta pregunta, muchas de esas entidades financieras me recomendaron que saliera de la UD por el riesgo que comportaba para mi actividad empresarial. El estar en una UD llena de deudas y conflictos ponía en riesgo mi vida profesional. Eso es un hecho. En esa etapa la UD te daba notoriedad, no prestigio.
— ¿Y siguió por su convicción de que lograría sacar adelante el desafío de resucitar a la Unión Deportiva?
— Seguí por el amor y cariño que tengo a la institución, a los colores, a lo que significa para nuestra sociedad.
— Otros clubes ya están en manos de fondo de inversión privados y extranjeros. Usted preside el club que siempre quiso. ¿Se considera, por ello, uno de los últimos románticos que quedan en el deporte profesional?
— La vida no solo me ha obligado a ser el presidente de la UD, también a ser su máximo accionista. Y he tenido la posibilidad de hacerme con la mayoría accionarial de otros clubes y no lo he hecho porque mi compromiso está con la UD. No me veo en otro sitio. No estoy aquí por dinero, aunque, que nadie se engañe, hoy la UD es una empresa, como el resto de clubes de fútbol y de otros deportes. Y aquí hemos tenido la suerte de que el máximo accionista es canario. Yo he tenido la posibilidad de vender mis acciones de la UD a capitales extranjeros y obtener una buena plusvalía, pero no lo he querido hacer porque el significado que tiene  para mí este club es mayor que un rédito económico.
— No es cuestión de dinero…
— Yo no estoy en la Unión Deportiva por dinero. Eso no quita que el día que me tenga que ir o me quiera ir pueda poner en valor mis acciones. Ese momento no ha llegado y espero que no llegue.
— Está cerca de alcanzar y superar los quince años de gobierno en la UD, récord que ha correspondido a Juan Trujillo Febles, máximo mandatario de la entidad entre 1959 y 1974. ¿Visualiza ya ese momento?
— Soy una persona joven y tengo muchos años por delante, pero no vivo pendiente de alcanzar un récord o superarlo. Presidir un día a la UD ya es un orgullo. Imaginen doce años, que son los que llevo o los que pueda alcanzar. Mi dedicación profesional ya está más vinculada a la UD que a mis empresas, que están en manos de directivos. Y me siento con mucha ilusión para seguir dedicando mi tiempo y empeño a este escudo.
— De Segunda B a Primera División. Ya se habla hasta de jugar en Europa. El crecimiento no ha podido ser más rotundo…
— Sí, pero nos queda por crecer muchísimo más. Ya hablaba antes de consolidar la plaza en Primera, que estemos una década sin bajar, necesitamos hacer una sede social acorde a estos tiempos, un museo que recoja nuestra historia, disponer de una Ciudad Deportiva, terminar la obra del estadio, tener una Grada Joven… Fortalecer la cantera, nuestra economía…
— Que el mayor activo no sea si entra o no el balón…
— Justamente ese es nuestro mayor activo. La independencia de la solvencia económica de la entidad. Con 55 millones de presupuesto, somos el segundo presupuesto más pequeño de la categoría, competimos con equipos que nos doblan y quintuplican en presupuesto y estamos, deportivamente hablando, por encima de nuestra realidad económica. El año pasado fuimos el equipo que más puntos sacó por euro invertido. Y siendo el único del fútbol profesional sin instalaciones de primer nivel, de ahí nuestra insistencia. Pero no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Así vivimos en la UD, desde una gestión tan responsable ahora como cuando no teníamos ni para pagar el recibo de la luz.
— ¿Cómo se encajan los halagos que vienen de fuera para no morir de éxito como ya sucedió en etapas anteriores a la suya?
— Además de la gestión, en la parte deportiva, el trabajo que hace la comisión que tenemos, con Toni Cruz, Luis Helguera y Tonono ha sido fundamental para que disfrutemos de un equipo con muchos canarios. Además, con un entrenador que ha entendido nuestra filosofía. Esa suma hace que se nos reconozca mundialmente, pero eso no nos resta capacidad de trabajo, autocrítica e ilusión. Hemos recuperado al aficionado, que tiene un equipo con identidad propia. Sabemos que lo queremos y lo que vamos a seguir haciendo.
— Habla del aficionado y de su privilegio por tener un equipo con identidad propia. ¿El presidente de la UD puede seguir disfrutando del fútbol o las responsabilidades hacen que desaparezca el espíritu más lúdico del deporte?
— Después de tantos años como presidente, he perdido la visión que tenía como aficionado. Me afectan muchísimo las derrotas, y no me alegran demasiado las victorias. Muchas veces, cuando termina un partido de la UD que hemos ganado, lo veo repetido y ahí sí puedo darme un respiro, porque sé que acabará bien.
— Ve más números que goles desde el palco…
— No exactamente, pero soy más consciente de una realidad global. Es que todo influye. Un resultado, una posición clasificatoria, un jugador que va a la selección… Todo repercute en el presupuesto, en el progreso del club, en su paulatina consolidación en la élite. Todos los éxitos que se obtienen vienen de un trabajo de equipo y hay que felicitar a todos nuestros empleados. Y en cada fracaso, se me tiene que mirar exclusivamente a mí.
— Con el poder que polariza, ¿admite que la UD es presidencialista?
— Desde el primer minuto que presido el club he dicho que esto es una empresa, no una cooperativa. Cuando se habla de presidencialismo en tono peyorativo es desconocer cómo funciona una empresa. En una empresa manda el propietario, que pone en riesgo su patrimonio. Nunca antes había recaído una responsabilidad tan grande sobre sus dirigentes como pasa ahora en el fútbol. Lo que no me pueden pedir es que esto sea una cooperativa, que entre todos dirigimos, y que cuando haya una responsabilidad penal o administrativa, únicamente recaiga en mí. Lo que yo he hecho ha sido rodearme de grandes profesionales para cumplir los objetivos de la mejor manera.

Nota de Deportes Canarias7

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