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Estadios argentinos vacíos

Cada club vive una realidad diferente y enfrenta el aislamiento como puede. En diálogo con Clarín, varios cancheros, encargados del mantenimiento de los campos de juego, revelan cómo es el trabajo en soledad.

De Wuhan, China, hacia cada rincón del planeta. Cuando el coronavirus ​comenzó a expandirse en la Argentina, la pelota dejó de rodar. Desde entonces, los estadios son moles de cemento desiertas. Jugadores, árbitros, médicos, directores técnicos, preparadores físicos, periodistas e hinchas permanecen en sus casas. Sin embargo, existe una excepción a la regla: los cancheros son los últimos hombres sobre el césped de los estadios.

El regreso del fútbol es una completa incertidumbre. Para la reanudación de la competencia, los campos de juego deberán estar en óptimas condiciones y, para eso, es necesario un cuidado exhaustivo del césped que no puede detenerse. No obstante, todos los clubes viven realidades diferentes y enfrentan la cuarentena a su manera.

Algunas instituciones cuentan con sofisticados sistemas automatizados, mientras que en otras se debe realizar el riego de manera manual. La gran mayoría de los clubes ya invirtió en el resembrado de invierno, pero otros sufren complicaciones para desembolsar tamaña cantidad de dinero en medio de la crisis económica. Además, en algunos casos resultó dificultoso el proceso para conseguir los permisos del Gobierno para que se desplazara el personal.

En el Monumental, se instaló una cámara para observar el campo de juego y se implementó un programa que permite controlar el riego del césped a través una aplicación para celulares. Además, cada semana se realizan tareas de corte y fumigación, tanto en el estadio principal como en el River Camp y el predio de Hurlingham.

Rubén García, hijo de Lelo, el histórico canchero de Vélez, es el encargado del mantenimiento del estadio de Estudiantes​. Reinaugurado el 9 de noviembre de 2019, el Jorge Luis Hirschi cuenta con un campo de juego híbrido, que combina el césped natural con el pasto sintético, al igual que en las canchas de Atlético de Madrid o Ajax.

“Al principio de la cuarentena, utilizamos un reductor de crecimiento para controlar la planta y cortarla una vez por semana, en vez de ir cuatro veces veces al estadio. Ahora trabajamos dos o tres personas y nos vamos alternando. Todos tenemos nuestros barbijos y alcohol. El riego es automatizado, entonces puedo encenderlo desde mi casa a través del Wi-Fi. Por suerte pudimos conseguir el permiso para acercarnos a la cancha”, explicó el presidente de C&G Sports, empresa dedicada al montado y mantenimiento de césped natural, artificial e híbrido, en diálogo con Clarín.

El recinto ubicado en 1 y 57, en La Plata, permanece vacío. “No sentimos la soledad, porque estamos acostumbrados a trabajar solos. Quizá podés cruzarte con algún turista, pero no mucho más”, agregó.

Carlos García, al igual que su hermano, continuó con el legado de la familia y trabaja en el cuidado de las canchas de Vélez​. Durante los primeros días del aislamiento social, preventivo y obligatorio, en Liniers solo se realizó el riego del césped, a través de una aplicación.

“A medida que conseguimos los permisos y el Gobierno flexibilizó la cuarentena, pusimos una guardia mínima que se ocupa del corte y la fumigación de los espacios verdes, para combatir el dengue​”,contó en una charla telefónica con este diario.

Mientras la evolución del coronavirus capta la atención, la epidemia del dengue pasa desapercibida. En ese sentido, un caso especial es el de la ciudad de Rafaela, que reúne el 30% de los infectados totales de dengue en la provincia de Santa Fe. “Al haber demasiados casos de dengue en Rafaela, la municipalidad autorizó el cortado de los espacios verdes, entonces no tuvimos problemas para conseguir los permisos e ir al estadio a realizar el mantenimiento”, explicó Ricardo Castro, presidente de la Comisión de Fútbol profesional de Atlético de Rafaela,​ que milita en la Primera Nacional.

Por otro lado, se lamentó por la situación del país que afecta particularmente la economía de los clubes menos poderosos: “Se acerca el resembrado de invierno y estamos analizando qué vamos a hacer. Estamos complicados, porque significa una gran inversión en un momento picante de la economía argentina. No todos tienen las mismas facilidades económicas”.

Por su parte, Roberto Antonio, agrónomo encargado del mantenimiento de las canchas de Defensa y Justicia​, contó que “costó conseguir los permisos, porque las páginas del Gobierno se saturaban”. Y detalló: “Ahora pusimos una guardia mínima, que se encarga de cortar tres veces por semana la cancha. Tenemos riego por aspersión automatizado, entonces lo podemos dejar programado”. Según advirtió, un relajamiento en el cuidado podría ser un riesgo para la salid: “Si el campo de juego no se mantiene, se transforma en una pradera y potencia la aparición del dengue”.

En Racing​, no solo se encargan de prestarle especial atención al Cilindro de Avellaneda, sino que también mantienen cuidado el predio Tita Mattiussi, donde se entrenan las juveniles de la Academia.

Leonardo Tarrio, encargado del predio, afirmó que “durante la primera semana del aislamiento, el club gestionó todos los permisos para que hubiera una guardia mínima”.

“Somos cuatro empleados ahora. Se eligió a quienes viven cerca o tienen la posibilidad de movilizarse por su cuenta, para evitar utilizar el transporte público y disminuir así los riesgos. Obviamente se licenció a los adultos mayores de 60 y a quienes tienen hijos chicos que cuidar”, explicó.

En el lugar ubicado a 20 cuadras del Estadio Presidente Perón hay ocho canchas: cinco de césped natural, dos de sintético y una de hockey. En algunas de ellas el riego es automático y en otras es manual, con el uso del cañón agropecuario.

En zona sur, más precisamente en Banfield​, el equipo de mantenimiento del Estadio Florencio Sola realizó una videoconferencia, donde le dieron vital importancia al sistema de riego a distancia que se activa a través de una aplicación y que regula la cantidad de agua que se necesita. Además, se realizan tareas de fertilización por aspersión y grano. En los distintos trabajos, “se respeta un estricto protocolo de higiene”, según informaron desde la institución.

Una oportunidad para renovar las canchas

“El 98% de las canchas de la Argentina tiene que renovarse”, sentenció Rubén García, jefe del proyecto de construcción del campo de juego de Estudiantes y de las mejoras en el drenaje de la Bombonera​.

Con el fútbol en suspenso por la pandemia de coronavirus, los clubes podrían aprovechar estos meses de inactividad para invertir en la renovación y en la optimización de los campos de juego.

“En 90 días se puede hacer un campo totalmente nuevo. El precio puede variar entre los 700.000 dólares y los 5.000.000 de dólares, dependiendo la cantidad y calidad de tecnología que se quiera implementar, como sistemas de refrigeración del suelo, iluminación y diversos indicadores”, especificó García.

Aunque la cifra represente un gasto significativo para algunos clubes, “el dinero se amortiza con el pasar del tiempo”, según el presidente de C&G Sports. “¿Cuánta plata se desperdicia cada vez que se suspende un partido por lluvia? Poner el estadio en condiciones, movilizar a los empleados y contratar a la Policía es caro”, advirtió.

“Además, al tener el campo de juego en óptimas condiciones está comprobado que se reducen las lesiones. Los futbolistas son la materia prima de los clubes. No solo se ahorra en los gastos médicos, sino que también se evitan pérdidas inmateriales, como la ausencia de los jugadores”, finalizó.

Matías García para Diario Clarín


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