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El Real Madrid respira y Morata salva al Atlético

Incendio sofocado. Y van dos. Victoria balsámica del Real Madrid ante el Galatasaray merced a un solitario gol de Kroos en la primera parte. Los de Zidane se remangaron y sólo la falta de acierto privó a los blancos de una victoria más amplia en Turquía. El Madrid endereza su situación en la Champions en un grupo que, para no mentir, es blandito y facilón.

Zidane llegaba al infierno en pleno incendio. Con su culo echando humo desde el sonrojo de palmar en Palma y Mourinho enseñando la manguera en la espesura, el Real Madrid afrontaba ante el Galatasaray un partido de esos que entierran al más pintado. O lo resucitan. Manda huevos, que diría Trillo, que en un grupo con un par de oenegés futbolísticas como el Brujas o el propio Galatasaray llegara el Madrid a Turquía más exigido que las mallas de Falete. Pero era así.

Quizá por eso Zidane, sabedor de que se jugaba parte de su crédito –que no su puesto– en el envite, le daba una vuelta al equipo. Volvían intocables como Carvajal, Varane, Kroos y Hazard y luego había dos apuestas personales: Valverde para enterrar en el banquillo a Isco y Rodrygo, que condenaba al ídem a James o Vinicius, por ejemplo. Los otros cinco sí estuvieron ante el Mallorca: Courtois, Ramos, Marcelo, Casemiro y Benzema.

Y con esos bueyes (con perdón) se disponía Zidane a arar el campo del Galatasaray, que impone más por lo ruidoso que por el talento de los futbolistas locales. La actitud del Real Madrid, ya de salida, se vio muy otra que en Palma. A los 40 segundos tuvo su primera llegada merced a una buena conexión entre Rodrygo y Hazard.

El brasileño se movía indetectable rodeado de defensas turcos y se convirtió pronto en un dolor de cabeza para el Galatasaray. Igual que pronto empezó Kroos a gobernar el partido porque el alemán, cuando está bien, sí que le cambia la cara al Real Madrid.

Salvador Courtois, decisivo Kroos

Pero a los blancos les encanta dar sustos a su parroquia. Fueron dos seguidos, como los petisuis. Un par de desajustes defensivos entre los centrales y un par de arreones del Galatasaray sirvieron para mostrar todas las miserias del Real Madrid. Entonces apareció Courtois. Metió dos manos enormes, salvadoras, milagrosas, fuertes. Fueron sendos paradones a Andone de un portero que (por fin) apareció para cumplir su trabajo: parar.

Menos de un cuarto de hora le había durado al Real Madrid el dominio del partido porque el Galatasaray se vino raudo arriba. Pero cuando los turcos se asomaban más al área de Courtois apareció otro belga, un emboscado Hazard, para tirar la pared con Benzema y asistir a un Kroos que acompañó la jugada para marcar con su clásico toque de golf y ayudado porque la pelota tocó en un defensor rival.

Respiraba Zidane. Mourinho tiraba el mando de la tele del respingo. El Real Madrid se ponía por delante con una jugada notable en estética y precisión. Fue un gol lexatiniano, si me permiten el adjetivo que me acabo de inventar, que para eso esta crónica la escribo yo.

El gol estiró al Madrid y le insufló fútbol y ánimo a partes iguales. Creció Valverde en descaro y jerarquía. El uruguayo comienza a ser imprescindible para Zidane, tal es el estado de necesidad que vive hoy el equipo blanco. El estadio en pleno empezó a pitar las posesiones largas del Real Madrid, que desesperaron a la grada.

Al descanso por delante

Otra vez Courtois apareció para salvar a su equipo en el 37 con una buena mano abajo a un defectuoso remate de Belhanda. Fue el último susto del Galatasaray antes del descanso. Del que volvimos con el Real Madrid manejando la pelota y los turcos pertrechados atrás como si fueran por delante en el marcador.

En el 52 perdonó Benzema el 0-2 después de una maniobra individual en la que estuvo lento. Su disparo lo repelió bien colocado Muslera. Luego surgió otro fogonazo de Rodrygo, que se plantó en el área turca y culminó su jugada con una asistencia interruptus. También el colegiado Orsato se zampó un penalti sobre Kroos. El VAR se hizo el sueco también.

Se veía venir el 0-2 pero no venía. Hazard se disfrazó de Higuaín en el 64. Lo hizo todo bien menos meterla. Encaró a Muslera, le dribló y cuando tenía que marcar, la quiso pegar tan fuerte que su disparo chocó contra el travesaño. Al Real Madrid le estaba costando lo mismo cerrar el partido que a Errejón que no le tomen por menor de edad.

El partido se empezaba a poner peligroso para el Real Madrid, que estaba a un tanto de otra crisis. Mientras Zidane no movía el banquillo. O no sabía a quién meter o, quizá, no sabía a quién quitar. Benzema desperdició otro par de ocasiones porque llegaba fundido a la recta final de partido. Pero Zidane no movía el banquillo. Sí que hizo dos cambios de golpe, Vinicius y James por Valverde y Hazard. Y luego a Jovic por un fundido Rodrygo.

Al Madrid le tocó sufrir en los minutos finales por no haber cerrado el partido antes. Apretó con más ánimo que precisión el Galatasaray y algún susto dio a los blancos, que finalmente resistieron el empuje final de los turcos y pudieron llevarse de Estambul tres puntos que se antojan cruciales para que los de Zidane enderecen su situación en la Champions. Ya veremos hasta cuándo.

MORATA PONE CALMA EN EL ATLÉTICO:

En tiempos revueltos, lo mejor es tirar de clásicos. Esto es, un preciso centro lateral y una cabeza robusta que complete el asunto. Al Atlético le sirvió. El envío, templado, fue de Lodi y el remate, letal, de Morata. Su estreno goleador en Champions como rojiblanco. Así fue como los de Simeone solucionaron una áspera tarde noche frente al Bayer Leverkusen, que nunca tuvo buena pinta. Un pequeño zarpazo en Alemania puede ser suficiente para estar en octavos de final

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