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Ganó Boca pero River pasa a la final de la Libertadores

El actual campeón de la Copa Libertadores, el River Plate, volverá a jugar la final de la Champions americana tras liquidar en las semifinales a su eterno rival, el Boca Juniors. Los millonarios perdieron (1-0) en la Bombonera en un partido disputado este martes (madrugada del miércoles, hora española) pero lograron el pase a la final gracias al 2-0 de la ida.

Si los boquenses hubieran jugado en el Monumental como lo hicieron en su casa, el River lo hubiera tenido más difícil. Con Carlos Tévez de titular -algo ya infrecuente-, el Boca saltó al césped con espíritu de remontada. Aunque el mito local no funcionó como el revulsivo esperado, los xeneizes presionaron durante todo el partido pero apenas lograron desequilibrar en el área pequeña. No obstante, el conjunto del barrio de la Boca fue el único que dio intensidad al encuentro, mientras los rojiblancos se limitaron a cerrarse atrás y salir al contraataque sin arriesgar demasiado para mantener la ventaja.

La Bombonera creyó en el milagro tras el gol de Hurtado

El milagro no se dio pero el gol de Hurtado, a quince minutos del final, hizo estallar la Bombonera y los aficionados aumentaron los decibelios del perenne cántico –“¡dale Bo, dale Bo!”- creyendo que sería suficiente para lograr el empate que nunca llegó.

Al final, los suplentes del River saltaron al terreno de juego a celebrar con sus compañeros, mientras el público, lejos de mostrar enfado con los suyos o silbar al rival, dedicó una última ovación a los boquenses por haber demostrado ganas de ganar.

Tévez no fue el revulsivo que Boca esperaba para remontar

Al igual que en la ida en el barrio de Núñez, en la Boca no hubo incidentes que recordaran la vergonzosa final del año pasado, que acabó jugándose en Madrid, y ambos equipos se saludaron con cordialidad al terminar el encuentro.

No obstante, no podía ser que no ocurriera ninguna de las anomalías que habitualmente suceden en el territorio de la Conmebol: el inicio se retrasó quince minutos porque la lluvia de papeles –no eran papelitos- que se produjo al saltar los dos equipos a la cancha dejó una alfombra blanca sobre la hierba y el árbitro brasileño, que no tuvo mayores complicaciones ni acudió una sola vez al VAR, como sucedió en la ida, ordenó que seis operarios con cañones de aire se dedicaran a hacer volar los papeles fuera del terreno de juego, una tarea más bien imposible, que solo se logró parcialmente.

El River conocerá la noche de este miércoles a su rival en la final del 23 de noviembre, que por primera vez se disputará a partido único y debería jugarse en Santiago de Chile, aunque la Conmebol podría cambiar la sede si continúa la tensión y los disturbios en ese país. La otra semifinal de la Libertadores es brasileña: Flamengo y Gremio Alegre se enfrentarán en Maracaná, con un resultado abierto tras el empate a uno de la ida en Porto Alegre.

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