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El drama del pádel: "Nos exigen 1.000 metros cuadrados para 10 personas que luego beben una cerveza en 60"

De entre los múltiples efectos que ha tenido la crisis del coronavirus, algunos han llegado hasta el diccionario. De la desescalada a la nueva normalidad, el lenguaje evoluciona, se retuerce y se camufla, hasta el punto de quitar y otorgar sentidos a palabras que antes no tenían más que una dirección. El drama, una de las implicadas en este terremoto, pide ahora a gritos una escala de grises. En el deporte hay muchos, muchos más de los que a priori se pueden apreciar, basta con escarbar más allá de la superficie. El pádel, que con más de cuatro millones de jugadores habituales es uno de los deportes más practicados en España, reúne unos cuantos.

Lejos de las consideraciones que le pueda suscitar a quien no sea un gran amigo del deporte, el problema va mucho más allá del simple ansia por volver a coger una pala. Lo reconocen los propios implicados en este asunto, pendientes de la supervivencia de unas cuentas económicas que agonizan, como tantas otras, desde que el Covid-19 metió en el congelador sus rutinas. Los clubes de pádel, cerrados hasta la fase 1 del plan de desescalada orquestado por el Gobierno, claman ahora por una rectificación en la normativa de la fase 2 que les permita coger aire en medio de todo este incendio.

El problema nace de una reglamentación hecha con trazo grueso, en la que el Ministerio de Sanidad no contempla las particularidades de cada disciplina, sino que se limita a repartirlas en grandes sacos. Burocracia, al cabo. Así, se ha excluido al pádel del grupo donde sí están el tenis o el golf, deportes valorados con buen tino como individuales y cuya práctica está permitida desde la fase 1, por más que en este último se puedan celebrar partidos de hasta cuatro personas. Se entiende que por considerarlo un deporte de equipo, aunque sea este de dos personas, la única modalidad posible en su formato de competición. Es ahí donde coge forma la queja de las federaciones y clubes, que no entienden cómo se les equipara a otros deportes colectivos donde el contacto físico es evidente. Así, las instalaciones deportivas de las provincias en fase 1 pueden acoger peloteos entre dos personas o clases individuales, y no contemplan cambios de cara al próximos lunes, cuando muchas de ellas avanzarán de fase.

«La norma es un disparate, también desde el punto de vista jurídico», analiza José Luis Amoroto, presidente de la Federación Madrileña y abogado. «Nuestro gran problema es económico. La mayoría de clubes son privados, dependientes de economías familiares que se van a ir al garete por esta tontería», clama, al tiempo que tira de cuerda de los afectados: monitores, empleados de recepción, camareros...

La preocupación es extensible al resto del territorio nacional. Las federaciones territoriales han redactado cartas firmadas por la mayoría de los clubes de su región explicando al Consejo Superior de Deportes lo que a su juicio es un lío con una solución sencillísima. «Es poco entendible por nuestra parte que en la fase 1 se jueguen en cinco pistas de pádel (200 metros cuadrados x 5 = 1.000 metros cuadrados) un total de diez personas (uno contra uno) y que estas mismas diez personas se ubiquen en una mesa de la terraza de la cafetería del propio club en unos 60 metros cuadrados, es decir para practicar el pádel se utilizan 1.000 metros cuadrados y para tomar una cerveza se utilizan 60», reza una de las misivas de la federación de una provincia que está a punto de entrar en la fase 2 a la que ha tenido acceso ABC.

La esperanza para los damnificados está ahora depositada en el CSD, quien intervino cuando la norma de la fase 1 dejaba en el aire qué pasaba con las instalaciones semicubiertas, pues solo diferenciaba entre las que estaban cerradas y las que no. Desde el organismo que preside Irene Lozano argumentan que para tomar ciertas medidas dependen de las comunidades autónomas. «Haremos lo que podamos para que el deporte vuelva con la mayor rapidez posible y en las mejores condiciones, pero no todas las decisiones las podemos adoptar nosotros», responden.

«Abrir para jugar uno contra uno sale a pérdidas. Hay clubes que han abierto y que van a dejar de hacerlo», explica Amoroto. El daño económico para las instalaciones es evidente, con alquileres de pistas rebajados a la mitad al no poder reunir a cuatro jugadores. Otro de los puntos que más contrariedad está causando entre los clubes es el del aforo, limitado al 30 por ciento pero sin especificar si se refiere al del total o al de las pistas. «Estamos alucinados con el trato que se nos está dando», dice el presidente de la FMP.

Entretanto, los clubes tienen preparado un protocolo con medidas para garantizar la seguridad de todos los jugadores. Entre las recogidas, destacan las bolas nuevas para cada partido, el uso de mascarilla salvo en la pista o la desinfección de las palas tras cada sesión. Todo a la espera de una luz verde que por el momento pinta negra.

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